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La isla de Cabrera, la mayor del archipiélago del mismo nombre y que hoy es Parque Nacional Marítimo-Terrestre, fue un campo de concentración a principios del siglo XIX

La isla de Cabrera, la mayor del archipiélago del mismo nombre y que hoy es Parque Nacional Marítimo-Terrestre, fue un campo de concentración a principios del siglo XIX


Entre los meses de mayo y junio de 1809, durante la guerra de la Independencia, llegaron a Cabrera unos 9.000 prisioneros franceses, procedentes básicamente del ejército napoleónico derrotado en la batalla de Bailén. Durante cinco años Cabrera fue una prisión militar, dura y peculiar por la singularidad de este lugar, pobre y aislado, sin ningún tipo de condiciones de salubridad. La supervivencia fue muy difícil, porque a menudo los alimentos no llegaban a tiempo y los prisioneros se vieron forzados a alimentarse de hierbas, lagartijas o ratas. La única fuente de agua potable de la isla fue del todo insuficiente, además de objeto de disputa y discusiones. En mayo de 1814 liberaron a los supervivientes, que sólo eran 3.600.

Los recuerdos materiales que se conservan de este episodio son escasos. Cerca de Cas Pagès se encuentra una zona arqueológica denominada las “Barracas de los prisioneros napoleónicos”, con restos de diez pequeñas habitaciones que formaron parte del campamento que construyeron los propios reclusos a partir del año 1810. Reutilizaron restos paleocristianos –tardorromanos o bizantinos—, quizá lo que fue un monasterio del siglo VI.

El Monumento a los Prisioneros Franceses, situado cerca de Es Celler, en el valle conocido como ses Quatre Quarterades, fue levantado en 1847 por los componentes de una escuadra francesa a las órdenes del Príncipe de Joinville. Fue erigido en memoria de la estancia trágica en la isla de estos prisioneros. Tiene un zócalo o fundamento de planta cuadrada que aparece cerrado a manera de protección por una baranda de hierro, con elementos ornamentales. Sobre el zócalo se levanta el obelisco de piedra de Santanyí, de 7,23 m de altura; tiene una base cúbica, de la que arranca propiamente la columna piramidal, rematada por una cruz de hierro. Contiene en los cimientos un osario que acogió los restos de los prisioneros muertos en Cabrera, encontrados por los mismos promotores del monumento.

El actual y magnífico Parque Nacional recuerda la triste y hoy tan lejana despedida que dejó J. P. Pierre Péllissier, uno de los supervivientes franceses de 1814:

"Adiós peñas, adiós montañas,
isla de exilio y esclavitud.
Adiós barracas y adiós playas.
¡Ya era hora de dejaros!”




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