FORMENTERA. Paisaje puro y azul intenso
PATRIMONIO
FORMENTERA
Formentera ha estado poblada desde la Prehistoria, como lo demuestran los restos de Ca na Costa, uno de los sepulcros megalíticos más importantes de las Islas Baleares. Los romanos dejaron en Formentera una huella muy misteriosa, el castellum de Can Blai, aparentemente nunca ocupado. Del siglo XIV data la primera iglesia de la isla, que después de la conquista del rey Jaime I quedó desocupada casi hasta el siglo XVIII. Fue entonces cuando, por fin, se asentó en Formentera una población estable, se edificaron nuevos templos, molinos y las características torres de defensa de la costa. Un patrimonio para descubrir.

El origen del topónimo Formentera genera controversias alrededor de dos nombres latinos: FRUMENTARIA (maizal o isla de maíz) y PROMONTORIA (isla de cabos). La primera posibilidad aparece documentada en el siglo XII, coexistiendo con la forma actual.

De la época prehistórica destaca el sepulcro megalítico de Ca na Costa. Es el sepulcro megalítico más espectacular de Baleares, ubicado entre S’Estany Pudent y la población de Es Pujols, en Sant Ferran de ses Roques. Se trata de un sepulcro que se asienta sobre la roca y presenta una planta casi circular, donde pueden distinguirse dos partes principales: la cámara funeraria –situada en el centro con el corredor de entrada– y tres anillos que la circundan. Probablemente fue utilizado entre el 2000 y el 1600 a. C. Había enterrados ocho individuos: seis hombres (de 35 a 55 años) y dos mujeres (de 20 a 35 años). Acompañando a los cuerpos se han hallado diferentes materiales, como botones, cuentas de collar y fragmentos de cerámica. Su descubrimiento (1974) supuso una importante aportación a la historia de las Pitiüses, ya que hasta entonces se consideraba que la presencia humana más antigua se remontaba a la época púnica.

De la época romana es uno de los yacimientos arqueológicos más peculiares de Formentera: el castellum romano de Can Blai. Lo que se conserva del mismo es en una figura cuadrada, vista en planta, de la que sobresalen cinco torres ligeramente rectangulares y un poco trapezoidales. Es una obra defensiva que plantea dudas: es obvio que es un edificio de época romana, tanto por su estructura como por la técnica constructiva, y que pertenece a un periodo de la larga época imperial romana; pero es probable que no llegara a concluirse, puesto que no se han encontrado indicios de ocupación, y no se puede saber si era un proyecto de campamento romano o una obra hecha por los habitantes de Formentera.


Después de la conquista catalana, la repoblación no se consolidó. La Corona de Aragón intentó mantener poblada la isla y se solicitó al arzobispo de Tarragona licencia para construir una capilla. La autorización llegó en 1369 y se erigió en una zona conocida como la cueva de Sant Valero. La capilla, hoy llamada Sa Tanca Vella, fue dedicada a este santo, y consta de una pequeña planta rectangular (4,5 x 6,3) cubierta con una bóveda de cañón.

Durante el siglo XVIII, en Formentera se erigen cinco torres de defensa: la torre de S’Espalmador o de Sa Guardiola (1750), construida para defender la zona de Es Freus, restaurada en el año 1993; la de Punta Prima, del Pi des Català o de Migjorn, finalizada en 1763; la torre del Cap de Barbaria, en el sur, finalizada en 1763 y cuyo objetivo era vigilar cualquier embarcación procedente de África, y la de la Punta de la Gavina, proyectada en 1762 para controlar la costa de poniente y el acceso a los puertos de S’Espalmador y de la Savina. Las construcciones son plantas troncocónicas formadas por paredes gruesas y con pocos agujeros al exterior. Las del Cap de Barbaria y del Pi des Català tenían infraestructura para piezas de artillería.

En el siglo XVIII, a partir del establecimiento de los nuevos habitantes de Formentera, la capilla de Sa Tanca Vella resultó insuficiente y se tuvo que construir la iglesia de Sant Francesc Xavier. En 1726, empezaron las obras del nuevo templo, que presenta un aspecto fortificado para servir de refugio a los habitantes de la isla. Fue el único punto de refugio hasta el año 1749, cuando se edificó la torre de defensa de Sa Guardiola en S’Espalmador, y contó con cañones que al final fueron destinados a otras dos torres de defensa, construidas alrededor de 1762. Su construcción se adjudicó a Batista Garcia, pero en 1727 el maestro de obra de Denia instalado en Ibiza, Pere Ferro, por encargo del vicario general, realizó una serie de modificaciones como alargar la nave, construir tribunas, capillas, el coro y una casa para el rector. La pila bautismal es una pieza que ha dado lugar a diferentes hipótesis, como la posibilidad de que proceda del monasterio que una comunidad de monjes agustinos tuvo en la Mola en el siglo XIII.

La iglesia de Nuestra Señora del Pilar es el otro templo de esta época. Sus orígenes deben buscarse en las dificultades de la población instalada en este lugar para ir a misa a Sant Francesc, por lo que trasladaron al arzobispo visitador Juan Lario, en el año 1771, la conveniencia de construir aquí un nuevo templo. Durante el siglo XX la iglesia fue objeto de varias modificaciones.

Entre los siglos XVIII y XIX se construyen los molinos harineros y los destinados a bombear agua y moler sal. En Sant Francesc Xavier encontramos el molino de Teuet, edificado en 1760 y considerado el más antiguo. También en Sant Francesc encontramos el molino de Jeroni, edificado a finales del siglo XVIII. En la parroquia del Pilar de la Mola encontramos el molino viejo, construido en 1778, y que dejó de moler en 1964. Estos molinos de mampostería encalada suelen tener tres pisos. El superior estaba destinado a la maquinaria y la piedra de moler; en el del medio se recogía la harina, y la planta baja estaba destinada a almacén. El techo siempre es cónico y movible, para orientar las aspas de madera en la dirección del viento.

Del siglo XIX es la iglesia de Sant Ferran de ses Roques. Antes de este templo existía en la zona una capilla dedicada a san José, que fue abandonada. En 1882, después de una reunión con el vicario capitular, los residentes decidieron impulsar la creación de un nuevo templo en la zona conocida como Ses Roques. En 1883, se puso la primera piedra y en 1889 fue inaugurado.

El final del siglo XIX fue la época de las primeras obras de ingeniería en la isla: el faro de la Mola (1859-1861), proyectado por el ingeniero Emili Pou, y el faro del cabo de Barbaria, de 1970.



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