FORMENTERA. Paisaje puro y azul intenso
CULTURA
FORMENTERA
Las casas aisladas con porche están diseminadas por toda Formentera, siempre cerca de alguna higuera o algún algarrobo. Son construcciones tradicionales que destacan precisamente por su inteligente sencillez. Alrededor suyo se organizaba la vida familiar rural. A pesar de que hoy en día la agricultura ya no tiene la importancia de antaño, en la isla la cultura popular sigue manifestándose en una deliciosa gastronomía –en la que el pescado es uno de los grandes protagonistas–, en las fiestas y la mitología populares, y el peculiar baile payés. Una cultura popular viva que convive pacíficamente con el ambiente ecléctico de la Formentera del siglo XXI.

La casa tradicional

La casa tradicional de Formentera tiene que dividirse en dos épocas: las casas de terrado llano –que perduraron hasta finales del XIX–, y las casas cubiertas con tejas en doble vertiente. Ambos estilos presentan una distribución parecida, pero ofrecen un aspecto exterior distinto.

El primer tipo de vivienda fue introducido por los repobladores ibicencos durante el siglo XVIII, pero resulta más austero que en Ibiza. La distribución más extendida de las casas es la siguiente: un porche con una gran chimenea a un lado del mismo que hacía de cocina, y dos habitaciones en la parte posterior, que servían de dormitorios. La distribución varía, y algunas casas incluso tienen un segundo nivel o casas de arriba. Las paredes se hacían de piedra y barro, y el techo se sostenía con vigas de sabina, sobre las cuales se colocaba ripia, alga, tierra de silo y arcilla.

La arquitectura de teja se fue extendiendo en el último tercio del siglo XIX. Presenta la misma distribución que la anterior, pero a menudo el porche es más corto debido a la construcción de una estancia a cada extremo, una de las cuales suele convertirse en cocina. Estas estancias pueden tener toda la altura de la casa o estar distribuidas en dos niveles, dando lugar al piso de arriba. En este tipo de construcciones las paredes se realizaban con argamasa en vez de barro. Y la piedra de marés ya se usaba mucho, sobre todo para ventanas, aristas y tabiques.

La gastronomía

La cocina tradicional de Formentera presenta una dependencia absoluta de los productos autóctonos –de la tierra y del mar– debido a un aislamiento secular. La base de los platos son las verduras, cereales y legumbres, que aparecen en platos como el cuinat, las farinetes de trigo molido o las sopas con col. Los arroces son muy variados y a menudo son caldosos, como el arroz de matanzas, con col, con tordo, con corazón de col, etc. Los cocidos y guisados son importantes –cocido de huesos de cerdo, guisado de huevos–, y las carnes más habituales son el cerdo y el cordero. El pescado protagoniza numerosas especialidades. Y en cuanto al horno, se preparan cocas con ingredientes muy variados: con pimientos, sofritos de cebolla y tomate, queso, pescado, verduras o sobrasada. Entre los postres y dulces destacan los buñuelos, el peculiar flaó, las orelletes y los macarrones de Sant Joan.

La mayoría de platos tradicionales se asocian a una época del año o a una fecha especial; es el caso de los platos vinculados a la matanza del cerdo, o la enigmática salsa de Nadal (salsa de Navidad). Un plato muy peculiar de Formentera es la ensalada payesa, que se elabora con bescuit (pan cocido dos veces), pescado seco –pescado desecado cerca del mar– tomate, cebolla y patata hervida.

Fiestas y mitología popular

Las fiestas profanas están marcadas por la celebración de los solsticios: el de verano, alrededor del día de san Juan, y el de invierno, alrededor de Navidad. No se trata de fechas señaladas, sino de períodos en los que se realizaban diferentes actividades. Con el solsticio de verano se inician los trabajos de segar, batir y levantar eras, el fuego y el agua de san Juan.

Las fiestas de invierno empiezan con la fiesta dedicada a los difuntos. Pero la gran fiesta de invierno es, sin duda alguna, la Diada de ses Matances (fiesta de las matanzas), que consiste en el sacrificio del cerdo, cerda o lechona para el consumo humano, y tiene lugar a partir de noviembre, incluso durante el mes de diciembre. Se trata de una reunión festiva que implica colaboración en la realización de diferentes tareas como la elaboración de la sobrasada, la butifarra y el butifarrón. La casa que hace las matanzas invita a familiares, amigos y vecinos, un ejemplo de reciprocidad y colaboración entre la comunidad de conocidos.

Un aspecto interesante de la cultura popular son las supersticiones y creencias del pasado, asociadas a varias esferas de la vida. Así, la expresión "mal aire" define el caso de alguien afectado repentinamente por una desgracia física (cojera, etc.), y que puede ser consecuencia de hechos como dormirse bajo una higuera o el deseo malévolo de alguien. En este último caso, se podían contrarrestar con prácticas como poner a los niños una prenda de vestir al revés.

Bailes y música tradicionales

Con el nombre de ball pagès (baile payés) se designa la danza tradicional de Formentera, en la que se establece una clara diferencia entre el papel del hombre y el de la mujer. La música es interpretada por el sonador, con el tambor y la flauta, y por los bailadores masculinos con sus castañuelas. En cuanto a las variedades rítmicas, encontramos la corta y la larga. La indumentaria, especialmente la femenina, resulta bastante espectacular por las emprendades (conjunto de joyas con el que se adornan el pecho), verdaderos pectorales realizados con coral y plata, u oro.

La música tradicional de Formentera fue introducida por los ibicencos que repoblaron la isla desde finales del siglo XVII y durante el XVIII. Los instrumentos que se utilizaban eran las castañuelas, el espasí (instrumento de percusión ibicenco), el bimbau (instrumento típico ibicenco), el tambor, la flauta y la chirimía.


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