FORMENTERA. Paisaje puro y azul intenso
HISTORIA
FORMENTERA

Historia

La historia de Formentera está repleta de interrogantes, aunque tenemos ciertas evidencias reveladas por los numerosos yacimientos hallados en la isla. Se sabe que ya entre el año 2000 y el 1600 a. C. estuvo poblada. Los fenicios, que harían suya Ibiza, apenas dejaron huella en Formentera, pero la mantuvieron en explotación. Después vinieron los romanos, con restos tan misteriosos como el castellum de Can Blai. Les siguen unos siglos oscuros, hasta la llegada a la isla de bereberes y quizás árabes. La conquista del siglo XIII la dividió en quartons (distritos jurisdiccionales en los que fue dividida Ibiza), para luego quedar despoblada hasta el siglo XVIII. Entonces es cuando se edifican iglesias y torres de defensa para proteger Formentera de les sanguinarias incursiones turcas. A finales del XIX y sobre todo en el siglo XX, la pobreza alentó la emigración a Latinoamérica. Y la Guerra Civil y el franquismo dejaron rastros tan macabros como un campo de concentración. En los años 60 el turismo de masas eliminar abrió un nuevo horizonte económico en la isla, que hoy combina este motor con la protección de la naturaleza, su patrimonio más importante.

Prehistoria

Los hallazgos más antiguos que permiten hablar de presencia humana en Formentera proceden de la Cova des Fum, y los materiales más antiguos encontrados pertenecen al eneolítico (c. 2000 – 1600 a. C.). Pero el yacimiento más importante es el sepulcro megalítico de Ca na Costa. Ubicado entre S’Estany Pudent y la población de Es Pujols, se asentó sobre la roca y presenta una planta casi circular donde pueden distinguirse la cámara funeraria –en el centro con el corredor de entrada– y tres anillos que la circundan. Probablemente fue utilizado entre el 2000 y el 1600 a. C. Había enterrados seis hombres (de 35 a 55 años) y dos mujeres (de 20 a 35 años).

En cuanto a la Edad del Bronce (c. 1600 – 1000 a. C.), las excavaciones en el cabo de Barbaria permiten hablar de veintiún yacimientos, lo que hace suponer que en esta zona se concentraba la mayor parte de población de la isla. Del Bronce Final (1000 - 750 a. C.) se han encontrado hachas fechadas entre los años 1000 y 750 a. C. en la Savina y en Can Marià Gallet. Se trata de objetos comunes en el Mediterráneo occidental, lo que permite hablar de comercio marítimo.

Época fenicio-púnica

No se sabe qué pasó con la población de Formentera a partir del establecimiento de los fenicios en Ibiza, en la segunda mitad del siglo VII a. C., pero si no llegó a quedar deshabitada, lo cierto es que la población debía de ser escasa.

Las primeras fuentes que hablan de la isla son atribuibles a Agatemer, geógrafo griego del siglo III-II a. C., que afirmaba: “En el mar ibérico encontramos islas: Pitiüsa, la mayor y habitada, tiene un tamaño de trescientos estadios y la más pequeña de cien”. Esta afirmación lleva a pensar que Formentera podría haber estado deshabitada. Estudios arqueológicos de finales del siglo pasado permiten hablar de al menos ocho yacimientos que pueden fecharse entre finales del siglo IV y principios del III a. C. Desde entonces y durante el resto de la Antigüedad, Formentera quedó integrada en el territorio de explotación de la ciudad de Eivissa.

Un caso curioso y pendiente de estudio es la ocupación del islote de S’Espalmador entre los siglos III-I a. C., pero la falta de excavaciones no permite explicar su sentido.

Época romana

Hasta diecinueve yacimientos pueden fecharse en este periodo. Uno de ellos es una necrópolis en Es Bou Cremat, cerca de Migjorn, que confirma un poblamiento que vive y muere en la isla.

El escritor romano Plinio el Viejo habla de las Illes Pitiüses, llamadas así por los griegos debido a la cantidad de pinos que allí crecían, y añade: “Ahora ambas se denominan Ebusus, con una ciudad federada, separadas por un estrecho freo”.

La integración definitiva al Imperio Romano tuvo lugar con la aplicación del decreto del emperador Vespasiano, en el año 74 d. C., cuando Ibiza y Formentera se integran a la provincia Tarraconensis. En el año 297 d. C., Formentera se integra a la provincia Cartaginense, y de esa época podría ser (la datación es controvertida) el castellum de Can Blai, ubicado en el istmo que une la Mola con el resto de la isla, y uno de los yacimientos más singulares.

En época de Teodosio, en el siglo IV d. C., las Islas Baleares integran por primera vez una misma unidad político-administrativa, la provincia Baleárica.

La antigüedad tardía y la época andalusina

En el año 455 d. C., los vándalos conquistan las Baleares, que pasan a formar parte del reino vandálico del norte de África, y en el año 535 d. C. el emperador Justiniano las integra al imperio bizantino. En Formentera se han identificado trece yacimientos de los siglos VI y VII.

De los siglos VIII y IX hay poca información. Es una época marcada por la llegada del Islam al norte de África, que puede hacer pensar en la huída de población a las islas. Un texto del siglo IX habla de una incursión normanda en el año 859 en el norte de África, y menciona que después se dirigieron a Mallorca, Formentera y Menorca.

En el año 902, Formentera y el resto de islas pasan a formar parte de las Islas Orientales de Al Ándalus, lo que supone el establecimiento en Formentera de grupos de clanes de bereberes y quizás de árabes. La época andalusina fue para la isla una época de gran apogeo. La zona de la Mola presenta más concentración de restos, incluso lápidas funerarias.

Época medieval

Después de la conquista de Ibiza el 8 de agosto de 1235 por parte de la Corona de Aragón durante el reinado de Jaime I, la isla quedó dividida en cuatro quartons (distritos jurisdiccionales): la Mola y Es Carnatge fueron para Guillem de Montgrí; Es Cap para Pere de Portugal, y Porto-salè para Nuño Sanz. En cuanto a las salinas, el repartimiento se hizo en tres partes, pero en 1261 y 1267 los coseñores se reservan la jurisdicción de las lagunas aunque dan su explotación al pueblo de las Pitiüses a cambio de eximirlos de la obligación de defenderlo.

En 1246, Guillem de Montgrí enfeudó sus quartons a Berenguer Renard y le confió la tarea de poblar la isla. El documento otorgó a Renard un alcalde propio y poder pescar en el mar y en la laguna. Los pobladores podrían salir de la isla, vender, enajenar o empeñar sus propiedades a los habitantes de Ibiza. Tanto Renard como los pobladores podrían extraer sal de las lagunas, pero no venderla sin licencia de Montgrí.

La población existente durante el siglo XIII no tuvo continuidad, y a mediados del siglo XIV Formentera quedó despoblada, lo que llevó a Pedro el Ceremonioso, y posteriormente al rey Martín el Humano, a intentar repoblarla, pero sin éxito. A finales del siglo XV o durante el XVI, Formentera pasó a regirse por la jurisdicción común y perdió su personalidad jurídica.

Época moderna

Durante los siglos XVI y XVII, la isla estuvo en el punto de mira de la ofensiva turca y bárbara en el Mediterráneo occidental. El precario sistema defensivo de la isla (dos atalayas y una torre) no impidió, incluso, el establecimiento en la misma de corsarios.

La inseguridad en el Mediterráneo obligó a Carlos I a construir unas nuevas murallas para la ciudad de Eivissa, bajo la dirección del ingeniero Gianbattista Calvi, que redactó un informe donde indicaba la conveniencia de construir una torre en S’Espalmador, que no llegó a erigirse.

En 1695, Carlos II concedió al ibicenco Marc Ferrer media legua cuadrada de bosque en Formentera. En 1699, de nuevo le otorgaba las tierras de la Mola y Es Carnatge, y daba a su yerno Antoni Blanc un cuarto de legua en el Clot des Magraner. De este modo, gran parte de Formentera quedaba en manos de Marc Ferrer o de su familia, y los censos y diezmos que se tendrían que pagar al rey se repartirían después entre los coseñores de la isla.

En un principio los nuevos propietarios no se establecieron en ella, puesto que en 1712 se hace constar la obligatoriedad de levantar casas. El repoblamiento tiene lugar durante y después de la Guerra de Sucesión, con el triunfo del bando borbónico y las imposiciones de la Corona, como la apropiación de las salinas o la desaparición de la Universidad.

A partir del establecimiento de los nuevos habitantes, se tuvo que construir la iglesia de Sant Francesc Xavier. Las obras se iniciaron en 1726. El templo presenta un aspecto fortificado, puesto que servía de refugio en caso de peligro. Fue el único punto de refugio hasta el año 1749, y contó con cañones que después fueron destinados a dos torres.

El siglo XVIII fue el de la Ilustración y gracias al Plan de Mejoras se incrementó el cultivo de la vid y se plantaron higueras y algarrobos. A finales de siglo, Formentera ya tenía unos 1.200 habitantes y su poblamiento estaba consolidado.

Época contemporánea

A pesar de que Baleares quedó al margen de la ocupación de las tropas napoleónicas, sufrió las consecuencias del conflicto bélico: en 1812 se suprimieron en las Pitiüses las instituciones ilustradas. En Ibiza fue proclamada la nueva Constitución liberal y se establecieron los primeros ayuntamientos. Formentera quedó vinculada al consistorio de la ciudad de Eivissa, pero en 1814 se determinó la creación de un ayuntamiento propio –medida sin efecto aquel mismo año, cuando Fernando VII restableció la monarquía absoluta.

En 1820, la revolución liberal restableció la Constitución de Cádiz, y en agosto de 1822 se determinó la creación de ayuntamientos, entre los cuales el de Sant Francesc Xavier, en Formentera. Poco después fue restablecida la monarquía absoluta y quedaron abolidas las reformas.

Ya bajo el reinado de Isabel II, una nueva reestructuración establecía en las Pitiüses seis términos municipales, uno de ellos Formentera. Pero el nuevo ayuntamiento tenía que hacer frente a las numerosas carencias de la isla –agricultura precaria, deforestación, mal estado de las salinas, comercio escaso y ningún colegio en el territorio, entre otras dificultades. La vida en Formentera no era fácil, como indicó durante su visita a la isla el archiduque Luis Salvador en 1867. Ante tantas dificultades, el Gobierno del Estado determinó la supresión del Ayuntamiento y la isla fue agregada al término municipal de la ciudad de Eivissa.

En 1873, Antoni Marroig adquirió las salinas de Formentera y una finca en la parte noroccidental de la isla para el cultivo de viñedos. Las condiciones de vida parecían mejorar y se abrieron colegios. Así que en 1888 se restableció el término municipal de Formentera y el nuevo Ayuntamiento se constituyó un año después.

En 1897, la compañía que explotaba las salinas de Ibiza adquirió también las de Formentera, y la empresa se convirtió en la Salinera Española; estos cambios propiciaron la modernización de la explotación de sal, y permitieron que muchos campesinos accedieran a una renta en metálico.

Pero las limitaciones económicas y el crecimiento de la población generaron una emigración, sobre todo hacia Latinoamérica y en las primeras décadas del siglo XX. A menudo los emigrantes regresaron a Formentera. Podemos decir que la emigración mejoró el nivel de vida y permitió la entrada de nuevas ideas, como el anarquismo. Lamentablemente, la Guerra Civil y la dictadura franquista echaron a perder el proceso. En 1940, las autoridades franquistas instalaron, cerca de la Savina, un campo de concentración que llegó a albergar a más de mil presos y que se cerró a finales de 1942. En el año 2002 fue declarado Bien de Interés Cultural.

En el último tercio del siglo XX llegó el turismo de masas, que supuso la progresiva desaparición de la Formentera tradicional. El nuevo modelo económico incrementó la presión sobre el territorio y unos recursos limitados. A principios del siglo XXI se constataba la necesidad de hacer compatible la explotación turística racional con la conservación eficiente de la naturaleza.


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