IBIZA. El contraste más idílico
HISTORIA
IBIZA

La Prehistoria y la Antigüedad

No existe demasiada información sobre los primeros pobladores de Ibiza y Formentera. Los primeros hallazgos que permiten hablar de presencia humana provienen del yacimiento de s'Avenc des Pouàs (Santa Agnès de Corona), donde restos de fauna doméstica introducida por el hombre proporcionan una cronología aproximada de 4.500 años aC.

En torno al 1900 aC, las Islas Pitiusas conocen una nueva corriente de poblamiento de incierta procedencia que ha dejado testimonios arqueológicos que pueden situarse en la cultura megalítica, destacando el sepulcro de Ca Na Costa, en Formentera. En Ibiza la presencia de esta cultura se encuentra documentada, pero el estado de conservación de los yacimientos no es demasiado bueno. También se detecta una ocupación en cuevas. La práctica falta de testimonios hace que el periodo comprendido entre el 1000 aC y el 800 aC sea de difícil interpretación.

Durante mucho tiempo, la historiografía había dado como cierta la fecha del año 654 aC como el de la fundación de la ciudad de Ibiza por parte de los cartagineses, a partir de un texto del escritor romano Diodoro de Sicilia (traducción de uno del griego de Timeo de Tauromenio). Pero descubrimientos arqueológicos de hace unos veinte años permiten hablar de una presencia de fenicios procedentes de la zona del Estrecho de Gibraltar. A principios del siglo VII aC, en la zona de sa Caleta fundaron un enclave formado por un conjunto de edificios. Después de un periodo de cincuenta años se trasladarían a la bahía de Ibiza, en el mismo lugar que siempre ha ocupado la ciudad, hecho que dificulta encontrar vestigios de la época.

A partir del siglo VI aC empieza a detectarse una presencia de materiales arqueológicos de la zona de Cartago que situaría Ibiza en la esfera de la importante ciudad púnica.

La presencia fenicio-púnica ha dejado testimonios que han permitido describir una historia que desde los primeros años del siglo XX cuenta con una importante tradición.

Pero el yacimiento que más interés ha suscitado es la necrópolis del Puig des Molins, donde el sistema de enterramiento mayoritario es el hipogeo: una cámara subterránea excavada en la roca a la que se accede mediante un pozo en vertical; junto con el difunto inhumado, se depositaban diversos objetos que formaban el ajuar funerario. Se calcula que hay entre tres mil y cuatro mil hipogeos.

Tenemos testimonios de que durante la segunda guerra púnica, Ibiza tuvo un papel importante: fue atacada por los romanos y ayudó a los cartagineses. Todo ello llevaría a pensar que tras el triunfo romano del año 146 aC Ibiza sería territorio romano, pero el caso es que ni en esa fecha, ni durante la conquista de las Baleares, Ibiza está integrada en el mundo romano. Es más, el escritor romano Plinio la cita como una ciudad confederada con Roma, lo que presenta problemas de interpretación para averiguar qué pasó entre Ibiza y Roma. Lo que queda claro es que en el año 74 dC el emperador romano Vespasiano la convierte en municipio flavio ebusitano, lo que permite hablar de un proceso imparable hacia la total romanización, de la que dan testimonio yacimientos como ses Païsses de Cala d'Hort y el acueducto de s'Argamassa, así como diferentes lápidas, esculturas, etc., que permiten hablar de una sociedad organizada en clave romana.

Del periodo comprendido entre el 455 y el 534 dC, de dominio vándalo de Ibiza, y del 534 hasta el 902, de dominio bizantino, no existe demasiada información. Aunque yacimientos como el de Cala d'Hort demuestran una ocupación y se han encontrado vestigios arqueológicos -como una necrópolis bizantina en la zona de sa Blancadona- la información es escasa.

La época musulmana

En el 902, las islas Pitiusas inician el periodo de presencia musulmana que llega hasta 1235, fecha de la conquista catalana. Son poco más de doscientos años en que las luchas dentro del propio mundo sarraceno provocan que los centros de dependencia política cambien: primero Córdoba, después Dénia; seguidamente, el periodo de independencia junto con Mallorca y Menorca, para acabar con dos invasiones protagonizadas por importantes sectas del mundo islámico: los almorávides y los almohades.

De esta época han quedado vestigios de una triple muralla en Dalt Vila que aislaba cada uno de los tres arrabales, y de la que da testimonio el capítulo 126 del Llibre dels Feyts, donde se relata la conquista de Ibiza por los catalanes.

Las fuentes catalanas también informan de la división territorial de la Ibiza musulmana. En el Memoriale divisionis (documento utilizado para el reparto del territorio conquistado a los sarracenos) la isla de Ibiza tiene cinco distritos: Alhaueth, Algarb, Benizamid, Portumany y Xarch. Esta división será el origen de los posteriores quartons. Las actividades agrarias se vieron incrementadas por las técnicas de regadío al servicio de la correcta utilización de los recursos hídricos. En las zonas húmedas próximas a la ciudad estaban las feixes (todavía hoy visibles), que consistían en un sistema de canales perpendiculares abiertos a antiguas zonas de prados que permiten que las parcelas -rodeadas por las acequias o canales- sean regadas por capilaridad. La entrada a las feixes estaba enmarcada por un portal en forma de arco.

La Corona de Aragón

Las Islas Pitiusas fueron conquistadas el 8 de agosto de 1235 por el Arzobispo de Tarragona, Guillem de Montgrí, y dos nobles familiares de Jaume I, Pere de Portugal y Nunó Sanç. El reparto se hizo proporcionalmente a los hombres y medios aportados por los feudales, de manera que 2/3 partes serían para Guillem de Montgrí y 1/3 parte para cada uno de los otros dos nobles.

En poco tiempo, los cosenyors de las Pitiusas pasaron a ser, tras la muerte de Guillem de Montgrí, el Capítulo de la catedral de Tarragona, el arzobispado de la catedral de Tarragona y el infante Jaume de Mallorca. Eso supuso una ausencia de los propietarios de la tierra en la isla, y que no se establecieran nobles en ella. Esta circunstancia, junto con las donaciones de las Salinas al pueblo (tanto para el propio consumo como para la financiación de la Universitat), y las especiales ventajas de las Cartes de Franquesa para los habitantes de las islas, configuró una situación excepcional en el panorama del feudalismo de la época, y tuvo unas implicaciones sociológicas que otorgaron a las Pitiusas una identidad muy específica.

La dinastía de los Austrias

Con la entrada en la Edad Moderna, una nueva dinastía reinará con una concepción cada vez más absolutista del poder. Además, a lo largo del siglo XVI habrá que añadir el problema de los ataques turcos al Mediterráneo. Ambas cuestiones tendrán repercusiones en el caso de Ibiza.

Con respecto al primer punto, serán nombrados gobernadores por parte del monarca, y asesores que sustituirán a los prohombres (que eran tres en las causas civiles y seis en las criminales).

El tema de la inseguridad en el Mediterráneo obligó al levantamiento de nuevas murallas, diseñadas por el ingeniero italiano Joan Baptista Calvi y, tras su muerte, finalizadas por el arquitecto Jacobo Paleazzo. En el año 1585 se inaugura el portalón de la entrada. El nuevo sistema defensivo dio a la ciudad antigua el aspecto que todavía conserva hoy. También entonces se inicia la construcción de torres de defensa costeras.

A finales del siglo XVII empieza a generarse conflictividad social, porque los pobladores del campo piden una mayor representatividad y control sobre los gastos de la Universitat. Estas peticiones llegaron al monarca, pero no hay pruebas de que fueran aceptadas.
 

El siglo XVIII

Este siglo viene marcado de manera decisiva por el triunfo de Felipe V y la instauración de la monarquía borbónica, que tuvo como efecto inmediato -además de la aplicación de los Decretos de Nueva Planta-, la apropiación de las Salinas por parte de la Corona por "derecho de conquista". La actitud de las nuevas autoridades da lugar a conspiraciones antiborbónicas que, incluso, pretendieron que la isla fuera tomada por los ingleses.

La Ilustración en Ibiza llegó con un gobernador, el conde de Croix, que intentó llevar a cabo una serie de mejoras consistentes en hacer llegar agua potable a Vila y la creación de un Estudio General en el convento de los Jesuitas. En el campo, fomentó la puesta en regadío de nuevas tierras, e incentivó el cultivo masivo del almendro, utilizando medidas coercitivas.

Otro ilustrado será el primer obispo de la isla, Manuel Abad y Lasierra (una bula del Papa Pío VI del año 1782 creó el obispado de Ibiza), quién intentó diseñar un plan para acabar con la dispersión de la población en el campo mediante la creación de nuevas iglesias que se convirtieran en futuros núcleos urbanos. La actuación del obispo comportó la creación de nuevas parroquias, pero que no se convertirían en verdaderos pueblos hasta las postrimerías del siglo pasado.

A finales del XVIII, el asesor de la Curia de Gobernación, Miquel Gaietà Soler, llevará a cabo el llamado Plan de Mejoras, consistente en la enseñanza de oficios y otras actuaciones en la ciudad y en el campo con el objetivo de traer el progreso, del que estaban convencidos los ilustrados. Una de las iniciativas del asesor puede sorprender: la creación de una fonda para que los viajeros pudieran alojarse.

El siglo XIX

Los primeros años del siglo XIX son en Ibiza de conflictividad social por los nuevos impuestos estatales. En el año 1806, campesinos armados protagonizaron un levantamiento y llegaron a la ciudad con la intención de que se los eximiera de los correspondientes pagos. Los responsables fueron duramente represaliados.

Una vez proclamada la Constitución de Cádiz, el mes de noviembre se escogió el primer Ayuntamiento constitucional de Ibiza. En el campo sólo pudo crearse el de Sant Joan de Labritja, porque era el único que llegaba a los mil habitantes.
El reinado de Isabel II no supuso la pacificación de la vida política, y el año 1835 tuvo lugar un levantamiento carlista. La desamortización afectó relativamente poco a las Pitiusas, porque las fincas que eran propiedad directa de la iglesia o de órdenes religiosas eran pocas. El año 1871 el Estado vendió las Salinas de Ibiza en subasta pública.

A mediados de siglo, las Pitiusas pasan a tener la estructura municipal de la actualidad, con seis municipios: Ibiza, Sant Antoni de Portmany, Sant Joan de Labritja, Sant Josep de sa Talaia, Santa Eulàlia del Riu y, en Formentera, Sant Francesc Xavier.

En el año 1846 aparece la primera muestra de prensa, El Ebusitano. A partir de la mitad de siglo la vida política se limitó a una lucha entre diferentes grupos de carácter eminentemente conservador, exceptuando el Sexenio revolucionario.
La proclamación de la I República, en 1873, fue recibida con un entusiasmo que pronto se desvaneció con el golpe de Estado de 1874. La proclamación de Alfonso XII como rey supuso la dimisión de algunos concejales de ideas progresistas.
Los cambios en el ámbito político no son comparables a los del ámbito económico, aunque se produce un aumento demográfico importante: de 15.000 habitantes, a finales del siglo XVIII, se pasa a unos 24.000 en el año 1857. La población se estancó hasta 1900 debido a la emigración a América. El crecimiento demográfico comportó el crecimiento de la ciudad de Ibiza, y eso supuso tener que derribar s'Estacades, muros de contención que impedían el crecimiento de la ciudad más allá del barrio de La Marina.

La industrialización afectará poco a Ibiza, y las dos industrias más importantes continuarán siendo la salinera y la construcción de barcos.

En este siglo empieza a superarse la incomunicación que habían sufrido las islas. El telégrafo con Valencia y Mallorca empezó a funcionar en 1860, y ocho años antes ya se había puesto en servicio una línea regular de correo entre Ibiza y Palma de Mallorca. En 1886 entró en funcionamiento otra con Barcelona. También este siglo es el de la presencia de los primeros viajeros, que dan testimonio de la vida en la isla en sus libros. De todos ellos hay que destacar al Archiduque Lluís Salvador.

El siglo XX

Las primeras décadas del siglo XX, en el ámbito político, estuvieron bajo el signo del caciquismo. En Ibiza, desde la proclamación del rey Alfonso XII hasta la dictadura de Primo de Rivera, siempre ganaron las elecciones a los partidos dinásticos, liberales o conservadores. La instauración de la dictadura implicó, sin embargo, una cierta modernización, así como la consolidación de un reducido movimiento de oposición republicano y obrerista durante los años veinte, que culminaría en la formación del Comité de Alianza Republicana de Ibiza, en 1930.

Cuando en 1931 se proclamó la República, los conservadores eran la fuerza política hegemónica, y ganaron las convocatorias electorales del periodo republicano.

Los primeros años de la década de los treinta, Ibiza acoge intelectuales procedentes del mundo germánico que huyen del nazismo, como Walter Benjamin o Raoul Hausmann. En 1933 se inauguran los primeros hoteles de la isla y se crea el Fomento del Turismo.

El 19 de julio de 1936, los mandos militares se suman al golpe de Estado del general Franco, y se pone en marcha una represión contra los republicanos y los de izquierdas. El 8 de agosto, tropas republicanas provenientes de Barcelona y Valencia reinstauran el orden republicano. Los nuevos ayuntamientos serían regidos por comisiones gestoras del Frente Popular. Representantes de diversas tendencias del bando republicano integraron al Comité de Milicias, que alcanzó el poder en el ámbito pitiuso. Durante este periodo se produjeron ejecuciones de sacerdotes y asaltos a las iglesias. El día 13 de septiembre, tres aviones fascistas bombardearon la ciudad y causaron unos cuarenta muertos. La misma noche, un grupo de milicianos mató a noventa y tres hombres, encarcelados en el castillo, entre políticos, militares, sacerdotes y otras personas vinculadas a la derecha. A partir de esta misma noche se produce la salida de las tropas republicanas y la huida de familias hacia la Península y el norte de África.

El día 20 de septiembre llegaron al puerto de Vila las tropas nacionales, y se inició la ocupación franquista de Ibiza, que comportó una terrible represión que, a mediados de octubre, fue llevada a cabo por el Juzgado Militar de Instrucción que se instaló en el Gran Hotel (actualmente Hotel Montesol). Entre los años 1939 y 1942, en Formentera funcionará un campo de concentración.

La construcción del aeropuerto de Ibiza en 1958 supondrá el principio de un cambio radical con significativas repercusiones de toda índole y, sobre todo, el paso a una economía eminentemente terciarizada por el fenómeno turístico. La población ibicenca, a causa de la masiva llegada de personas procedentes de la Península atraídas por las expectativas de trabajo, experimenta un aumento que entre 1960 y 1975 es del 42%.

En las postrimerías de la Dictadura se organizan iniciativas antifranquistas como la Junta Democrática, la creación de la cooperativa agrícola "Es nostro Camp" o la aparición de los primeros núcleos del sindicato Comisiones Obreras.

La transición hacia un régimen de libertades garantizado por la Constitución Española de 1978 culminará con la creación del Consell Insular en 1979 y la aprobación del Estatut d'Autonomia en 1983.


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