MALLORCA. Escenario de paisajes meditarráneos
HISTORIA
MALLORCA

La prehistoria

La teoría defendida mayoritariamente desde los años 1970 hasta la actualidad hablaba de una ocupación humana inicial en Mallorca datada alrededor del año 4000 aC. Se defendía la existencia de comunidades reducidas relacionadas con la caza del denominado Myotragus balearicus. Pero recientemente, esta hipótesis ha sido cuestionada, y la nueva teoría alternativa sólo reconoce unas primeras ocupaciones datadas hacia el año 2700-2500 aC.

Entre los años 2500 y 1400 aC transcurre en las Baleares la época pretalaiótica, una población con grupos humanos que vivía dentro cuevas y en construcciones rudimentarias, y conocía la agricultura y la ganadería. El elemento más característico de este periodo son las cuevas de enterramiento artificiales. Entre los años 1400 y 123 aC se sitúa el periodo talaiótico. El talaiot, el elemento más representativo, es una construcción ciclópea de tipología variada y dedicada a usos diversos. En los alrededores del año 1000 aC aparecen los poblados talaióticos, grandes conjuntos que pueden englobar varios talaiots y muchos aposentos. Poco antes del año 800 aC se encuentran los primeros objetos de hierro y cerámica púnica, lo cual indica una relación con las culturas mediterráneas adelantadas más próximas.

Los siglos finales del talaiótico se caracterizan por un aumento del comercio con las potencias del Mediterráneo, especialmente detectable en los hallazgos de cerámica clásica y por la participación de los honderos baleáricos como mercenarios a los ejércitos cartagineses.

La historia clásica y altomedieval

La época romana a las Baleares empieza con la expedición de Quinto Cecilio Metelo, general romano que conquistó Mallorca y Menorca en el año 123 aC. Las principales poblaciones mallorquinas conocidas serían Pol·lentia y Palma.

El cristianismo se consolidó a lo largo del siglo IV, y entonces se crearan las diócesis de Mallorca, Menorca y Ibiza. Con la crisis y posterior desintegración del Imperio Romano de Occidente, Mallorca pasó el año 455 a manos de los vándalos. Esta época no duró demasiado tiempo, puesto que en el año 534 las Islas se integraron dentro del Imperio Bizantino. Pero esta nueva etapa tampoco se consolidó, puesto que a partir del año 624, con la pérdida de las posesiones bizantinas a la Bética hispánica, las Islas constituyeron un territorio marginal, difícil de defender.

La conquista musulmana se realiza en el año 902. Una expedición comandada por Isam al-Jawlani se apodera de las Baleares, integrándolas dentro las estructuras políticas y administrativas del Emirato, y después, Califato de Córdoba. Reúne el mundo urbano, y la antigua Palma romana se reconstruye con el nombre de Madina Mayurqa. Con la caída del Califato, las Baleares pasan durante buena parte del siglo XI a depender del reino taifa de Dénia (1010-1077). Con la desaparición del poder de Dénia, las Islas forman una taifa soberana, breve periodo independiente que acaba con la expedición pisano-catalana de los años 1114-1115.

El siguiente periodo es el almorávide, caracterizado por la potencia y la expansionismo de la dinastía autóctona de los Banu Ganiya, que llegaron a someter una parte del norte de África contra el poder emergente de los almohades. Los almohades se llegan a imponer y dominan las Islas el año 1203. Pero su derrota a la batalla de Navas de Tolosa (1212) marca el inicio del declive islámico, que se concretará a las Islas con la conquista catalana de Jaime I, rey de Aragón y conde de Barcelona.

La historia medieval

La conquista y la forestación catalanes suponen la instauración de la sociedad feudal, de la religión cristiana y de la lengua y cultura catalanas. El proceso de conquista se inicia con la integración a la corona Catalanoaragonesa de Mallorca en los años 1229 y 1230, dirigida por el rey Jaime I y por los principales magnates catalanes. El cambio producido a raíz de la conquista fue enorme. La población musulmana abandonó Mallorca o fue esclavizada. El reparto del territorio conquistado suponía una jerarquización feudal, con el rey y sus magnates como cabezas de fila.

En el año 1249 se creó una de las instituciones fundamentales de la Mallorca medieval: la Universidad de la Ciudad y del Reino de Mallorca, importante organismo de administración local. Cuando muere Jaime I, en 1276, la corona de Aragón se divide entre los dos hijos del Conquistador, y se crea el reino privativo de Mallorca, con Jaime II de Mallorca como rey titular. Además de las Islas, abarcaba los condados norte-catalanes, con los del Rossellón y de la Cerdeña como condados de más peso, el señorío de Montpellier y algunas posesiones más pequeñas.

A raíz de las tensiones producidas por esta división, en el año 1279 Jaime II de Mallorca se debió declarar feudo de su hermano, Pedro el Grande de Aragón. En 1285, el hijo de este, Alfonso el Liberal, incorporó Mallorca a la corona Catalanoaragonesa. En 1298, el rey Jaime II de Aragón devolvió las posesiones insulares del reino privativo de Mallorca a su tío Jaime II de Mallorca. El rey Sancho, hijo y sucesor de Jaime II, consolidó el Grande y General Consejo en el año 1315, la asamblea representativa de Mallorca.

El reino privativo de Mallorca desapareció entre los años 1343 y 1349. En la primera fecha, el rey de Aragón Pedro el Ceremonioso se apoderó de las Baleares y, posteriormente, anexó las posesiones continentales. El 1349 Jaime III de Mallorca vendió a los franceses el señorío de Montpellier para organizar un ejército e invadir Mallorca. La expedición fue un fracaso, y el rey mallorquín murió combatiendo en la batalla de Llucmajor.

La Baja Edad Media se vio sacudida por importantes revueltas. La primera fue el año 1391, con el asalto al Barrio judío de Palma (Call), en llena oleada de antisemitismo que supondrá a la larga la conversión forzada de la comunidad judía de Mallorca al cristianismo el año 1435. La segunda fue el Levantamiento Foráneo de los años 1450 al 1452, el exponente de la lucha de la población payesa contra el centralismo ciudadano y los abusos impositivos. Pero la revuelta social más importante que ha visto Mallorca fue la de las Hermandades, entre 1521 y 1523: menestrales y payeses lucharon por eliminar la gran presión fiscal que sufrían los estamentos populares. Controlaron el poder en Mallorca hasta que fueran derrotados por el ejército de Carlos V.

Durante el siglo XVI serían un peligro constante las incursiones de los corsarios turcos y bárbaros. Las atalayas o torres de vigilancia costera constituyen uno de los testigos de más espectacularidad del plan de defensa de esta época y los siglos posteriores.

La historia reciente

El siglo XVII representa la culminación de la reacción señorial que confirma los privilegios y la riqueza de la nobleza terrateniente. Es también el siglo de graves pugnas entre los diferentes bandos que luchan por el poder. El barroco se impone como estilo arquitectónico y artístico, con importantes muestras constructivas, especialmente iglesias y casas nobles o de clases bien posicionadas.

En el año 1652 Mallorca sufre la terrible epidemia de peste bubónica, que desequilibra la demografía. La Inquisición organiza varios actos de fe, los más duros de los cuales fueron los de 1691, en que serían condenadas a muerte 37 personas acusadas de profesar el judaísmo.

El siglo XVIII empieza con la Guerra de Sucesión a la Corona Española (1701-1715). Se enfrentan los partidarios del arxiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou, que triunfará con el nombre de Felipe V. Una consecuencia importante es la promulgación el 1715 del Decreto de Nueva Planta, que eliminó las instituciones seculares del reino de Mallorca y reguló un nuevo régimen institucional y administrativo centralizado, a la vez que enmarcó la castellanización oficial. A finales de siglo, la apertura del comercio en América y la creación de la Sociedad Económica de Amigos del País (1778) -entidad de cariz ilustrado que fomentó la introducción de nuevos cultivos y planificaciones revitalizaran la economía insular.

La guerra del Francés (1808-14) supuso en Mallorca la llegada de gran cantidad de exiliados de tierras peninsulares y de un numerosísimo contingente de prisioneros franceses que sufrieron gravemente a la isla de Cabrera. La promulgación de la Constitución de Cádiz incentivó las disputas entre absolutistas y liberales, una de las consecuencias de las cuales fue la configuración del carlismo, la opción más integrista, arraigado a la ruralía de las Islas. En 1833 se creó la provincia de las Baleares, desapareciendo definitivamente el nombre de reino de Mallorca.

El siglo XIX supuso cierta modernización de la sociedad isleña, y generó cambios económicos importantes. El comercio exterior se activó con la apertura de nuevos mercados y el interior mejoró con nuevas comunicaciones, como la inauguración de la primera línea de ferrocarril en 1875, entre Palma e Inca. Una industrialización incipiente llegó a los sectores de las manipulaciones agrícolas, de los tejidos y del calzado.

También representó el acceso a la propiedad de un buen número de labradores, a partir del proceso de segregación de las grandes propiedades de los terratenientes. El movimiento obrero, embrionario, se organizó durante el Sexenio Revolucionario (1868-74), época iniciada con la caída de la monarquía de Isabel II. La Restauración borbónica de 1875 aportó una época de fuerte caciquismo, y supuso la alternancia en el poder de conservadores y liberales. El activismo económico decayó a finales de siglo, con la crisis de la viña producida por la plaga de la filoxera y la desaparición de los mercados coloniales (Cuba, Puerto Rico y Filipinas).

La economía de la primera mitad del siglo XX tiene una estructura diversificada, pero con dominio todavía del sector primario y generadora de un nivel de renta escaso. La carencia de expectativas y el aumento progresivo de la población provocó una corriente migratoria mantenido hasta los años cincuenta. Al tiempo, se abren nuevas puertas: el 1903 se inaugura en Palma el Gran Hotel, joya del modernismo, y el 1905 se crea el Fomento del Turismo de Mallorca, precursores de la primera oleada turística.

La II República, promulgada el 1931, provocó una remodelación profunda de las fuerzas políticas y el aumento del movimiento obrero. Las actuaciones por lograr cierto autogobierno serían débiles, y sólo se llegó a la aprobación de un proyecto de Estatuto de Autonomía. La revuelta militar del 19 de julio de 1936 contra la República triunfó en Mallorca, Ibiza y Formentera. La Guerra Civil desarticuló las fuerzas de izquierda y el movimiento obrero, y aplicó una durísima represión. El uso institucional y público de la lengua catalana también fue prohibido.

Tras unos primeros años de posguerra pasados en condiciones duras y de aislamiento, los mercados volvieron al nivel anterior a 1936, y a finales de los años 50 y primeros de los 60 estalló el denominado boom turístico, y se inició el que se conocerá como balearización o urbanización desmesurada y no planificada. El turismo pasó a constituir uno de los más grandes fenómenos socioeconómicos de la historia de Mallorca.

La restauración democrática del estado español tras la muerte del general Franco el 1975 conduje a la aprobación de la Constitución de 1978. Este nuevo marco democrático legal permitió la aprobación, el 1983, del Estatuto de Autonomía de las Islas Baleares. Las islas Baleares constituyen una comunidad autónoma integrada dentro del estado español, y cuentan con las correspondientes instituciones de autogobierno autonómico: el Parlamento Balear y el Gobierno de las Islas Baleares. Las instituciones de gobierno de cada isla son los consejos insulares, mientras que los municipios son regidos por los ayuntamientos.


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