ISLAS BALEARES. El secreto de las islas
ISLAS BALEARES

Todo éxito tiene su razón. Cabría entonces preguntarse por qué las Illes Balears son tenidas desde el siglo XIX como un lugar de privilegio. Qué ha hecho de ellas no sólo un centro turístico, sino también un potencial generador de creatividad, arte, música, un espacio de comunicación con el mundo y el paisaje.

La explicación radica en tres palabras. Variedad, sinceridad, intensidad.

Las Baleares constituyen el archipiélago mediterráneo más alejado de tierra. Son un mundo cerrado en sí mismo. Pero esa unicidad geográfica no las uniformiza, sino todo lo contrario. Aún siendo un mismo territorio, incluso unidas por la vecindad, cada una tiene su carácter. Todas ellas forman una especie de casa grande, en la que cada isla en particular representa una estancia, un salón, una balconada.

VARIEDAD


La variedad hace que Mallorca sea montañosa y llana a la vez. Que contenga los paisajes más pluviosos y los más secos. Tierra de torrentes, de planas fértiles, de pueblos majestuosos. Mallorca representa algo así como un continente en miniatura.

Menorca, en cambio, es una variación de pocos elementos. Las colinas leves, las extensiones verdes, la costa acantilada y dramática, las playas al final de los barrancos. Sus núcleos urbanos tienen una singularidad especial y no recuerdan en nada a los mallorquines. Mucho más diáfanos, blancos, armónicos con el paisaje.

Nada que ver con Ibiza, donde todo son valles y montañas. Una isla caracterizada por la mezcla del verde y el azul. El pino, "Pitiusa" la llamaron los griegos: pinosa. El mar, las cintas de arena, los islotes. Eivissa es "Vila", la única población de envergadura. Envuelta en unas murallas espectaculares, llena de rincones, recuerdos de los años contraculturales, cosmopolita, perfumada de patchoulí.

Frente a ella, Formentera es la esencialidad. Paisaje puro. Un mar de turquesas luminosos, de tiempo calmo y puestas de sol interminables, como escribió el poeta ibicenco Marià Villagómez. Formentera es la soledad, la piedra, las casas aisladas, las paredes de piedra, grandes higueras.

Esa variedad sería probablemente anecdótica si no viniese acompañada de una segunda categoría:

SINCERIDAD

Todos los viajeros han alabado siempre la forma de vida en las islas, su manera peculiar de percibir el tiempo y las relaciones humanas. Y ese componente auténtico, conservado a pesar de su poderosa actividad turística, se trasmite a todo. A la lengua, a los protocolos de relación social, a los topónimos y diminutivos, incluso a la gastronomía. ¿Cómo definir sino ese sabor profundo, real, sin decoraciones, de la ensaimada, la sobrasada, la repostería típica de cada isla?. Sinceridad entendida como el gusto vivo de la existencia. La relación fácil y directa con las gentes y la tierra. Por eso tantos visitantes se han quedado para siempre en las islas. En ellas se vive con el corazón.

INTENSIDAD

Y ello nos lleva a la tercera nota esencial. La intensidad. Desde el fulgor de los colores hasta la plasticidad de los elementos naturales, todo tiene un grado elevado. Es pictórico, escultórico, literario. No admite tonos medios. Uno puede preferir los despeñaderos románticos de la Serra de Tramuntana de Mallorca, otro las calas del Migjorn menorquín; habrá quien se decante por las fiestas de Sant Joan en Ciudatella, el ambiente nocturno en Ibiza o por ese paseo contra el viento, quebrando piedras sonoras, por el Cap de Barbaria de Formentera, escenario que hizo famoso la película "Lucía y el sexo". Las Baleares son, en su limitación geográfica, inmensas, inabarcables. No por su dimensión real, sino por su profundidad de mundos, por la vivencia a flor de piel que ofrecen, por el raro equilibrio que propician entre la vida interior y la exterior.

¿Qué une cosas tan dispares? Esa intensidad casi musical, que está proclamando que cada minuto que pasas en las Islas tiene un sentido, se desliza como una de esas gotas que caen del techo en las grandes cuevas. Y lenta, pero concienzudamente, acaban construyendo la estalactita de la felicidad.

Por eso, desde hace doscientos años, son famosas en todo el mundo.

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